| VIH/SIDA |
Lucro, propaganda y muerte
En la medida que las compañías farmacéuticas proporcionan sus nuevas drogas y que las organizaciones del SIDA presionan la idea de “esperanza”, los medios de comunicación divulgan la idea de que los inhibidores de proteasa son los responsables de la disminución de las muertes por el SIDA. Incesantes reportes de noticias usan versiones revisadas de la historia reciente para explicar las cifras bajas, como una nueva y súbita tendencia, ignorando la publicación de vigilancia del CDC que muestra claramente cómo la mortalidad por el SIDA ha venido disminuyendo sistemáticamente cada año desde 1983.
La tasa de mortalidad ha sido desde 92% en 1986 a un 23% en 1995, desde mucho antes que los inhibidores de proteasa se pusieran en uso. El descenso al 10% de 1996 es simplemente la continuación de la misma tendencia y está muy influido por el hecho de que más de la mitad de todos los casos reportados para 1996, ni si-quiera estaban enfermos. (Reporte de Vigilancia VIH-SIDA, Volumen 8, No. 2, Tabla 13 Tasas de Mortalidad por SIDA).
Los coros de risas y entusiasmo de los reporteros de prensa acerca de los inhibidores de proteasa, nos recuerdan la aparición del AZT hace más de 15 años. El experto en proteasa Dr. Rasnick dice: “Una vez más, todo lo que tenemos no es otra cosa que investigaciones que le cuentan a los reporteros acerca de estudios in-completos que no han sido escudriñados por el proceso de una re-visión científica”. “Y los investigadores implicados han sido finan-ciados por las compañías que fabrican las drogas en cuestión. No hay justificación para las afirmaciones que provienen de esas fuentes”. Las declaraciones de éxito y supervivencia del AZT se basaron en estudios abreviados (menos de 6 meses) financiados por la compañía manufacturera de la droga, que sólo publicó selectivamente aquellos estudios con resultados aparentemente favorables y que habían sido medidos con un resultado final (aumento de los conteos de células T) y de lo cual ya se sabía que tenía un valor cuestionable en las personas. El incontrolable júbilo con los inhibidores de porteasa está basado en estudios sin publicar de las compañías manufactureras, llevados a cabo durante períodos tan breves como semanas y no de meses o años, y usando un resultado final (“carga viral” reducida) que tampoco tiene relación con los beneficios actuales en la salud del individuo.
Mientas la prensa y las revistas oportunistas patrocinadas por los productores de estas drogas, persistan en reportes de mejorías milagrosas que convierten en creyentes al público desprevenido y a los desesperados enfermos de SIDA, sólo el tiempo y la investigación independiente revelarán la verdad acerca de esta última “gran esperanza” de la guerra contra el SIDA.